El baile de Plutón y Caronte

 

No he podido fotografiarlo, por lo que tomo prestadas algunas imágenes (Plutón y Caronte)


Plutón fue desterrado como planeta del sistema solar, demasiado pequeño, a pesar de cumplir 2 de las tres premisas para ser considerado un planeta. Sin embargo, siempre estuvo acompañado por más lunas que la propia Tierra. Aunque desde la Tierra, un puñado de aprendices sobre el Universo (se hace llamar Unión Astronómica Internacional -UAI-) degradaron a Plutón, apenas 76 años después de su descubrimiento, el pequeño planeta sigue realizando su órbita elíptica alrededor del sol acompañado de Caronte, la luna con la que baila en la fría paz de lo inmenso.

Plutón siempre se consideró afortunado, a pesar de que su órbita alrededor del sol era un viaje durante doscientos cuarenta y ocho años (contados desde la Tierra, claro) y de que su atmósfera no tenga la composición de la atmósfera de la Tierra; aunque, realmente, el nitrógeno, cuando Plutón alcanza su afelio, cae solidificado sobre la superficie formando una llanura del gas helado. Además, puede presumir de ser el "planeta" que pasa más cerca del sol en su perihelio. 

Así que cuando Plutón se enteró de la noticia, sobre que un puñado de astrónomos de la Tierra, lo catalogaban de planeta enano, no hizo ni caso, continuó con su lento transitar definido por las fuerzas del universo (dicho así queda algo paranoico, pero enunciar todas las leyes y teorías que rigen las órbitas lo dejo para los aprendices de la UAI). Lo acusaban de "no haber despejado la vecindad a lo largo de su órbita" (es decir, dominar dinámicamente en su órbita, incorporando, controlando o eliminando otros cuerpos de similares tamaños, como si eso le importara. Que más le daba sentirse atraído gravitacionalmente, o atraer la atención,  de alguno de los planetas, lunas, asteroides de alrededor. De hecho, su descubrimiento, por parte de los astrónomos terráqueos, se produjo por las incongruencias orbitales de otros planetas: Urano y Neptuno. –Pero qué culpa tenía él–, se preguntaba a menudo, si siempre le gustó socializar y, por supuesto, sin controlar, dominar ni eliminar a nadie (nada que ver con los déspotas megalómanos que destruirían nuestro planeta por las "tierras raras"). Le encantaba sacar un momento para hablar pausadamente con los objetos estelares. Claro que, sin duda, con nadie mejor que Caronte, su luna favorita. Su querida luna.

Plutón y Caronte bailan bajo un manto de estrellas (bueno, en sentido figurado, dado que la materia oscura del universo procura justo eso, oscuridad), mirándose el uno al otro (o el uno a la otra, o entre ellas, que más da, si lo hacen con alma enamorada). Bailan a lo largo de su viaje espacial, en una elipse armónica que los aleja y acerca al sol, permitiendo que Plutón corteje con cambios en su atmósfera, que se expande o colapsa, ante la emoción contenida de su luna. Siempre se están mirando, motivado por una rotación sincrona mutua (que dirían los astrónomos), por la atracción que hay entre ellos (piensan los dos). A ellos le gusta el término: fuerzas de marea, que han sincronizado completamente su rotación y su órbita. Les ocurre como a las parejas que se atraen, que desplazan sus egos fuera de sus ombligos, de manera que nadie gira alrededor del otro (en el caso planetario, diríamos que el baricentro está fuera de Plutón, porque así lo ha querido el "planeta"enamorado de su luna, Caronte).

Ahora que, incluso los astrónomos, quieren buscarle acomodo entre los múltiples "planetas que no los son",  y lo ubican en el cinturón de Kuiper;  él sigue mirando a Caronte, sin importarle nada, salvo seguir bailando como almas inmortales que no entienden de tiempo ni espacio.

José A. González Correa©, enero 2026

También prestada (Plutón)


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