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Mostrando entradas de julio, 2016

Un día de calor

La ausencia de todo, incluso de aire. La sensación tranquila y pausada de una día de calima. Sentado a la sombra, intuyo el ruido de las olas a un centenar de kilómetros,   y absorto imagino el distinguido planeo de una gaviota, que hasta se me antoja ociosa. Los minutos se van desgranando como una espiga de trigo madura, cubriendo la sombra en dónde me cobijo de una tupida alfombra dorada. Se acumulan las sensaciones mientras el calor se vuelve insoportable, el sudor   asoma apresurado y escurre y discurre sobre mi rostro. Atesoro la escasísima brisa que me acaricia suavemente la cara, y cierro los ojos durante un breve instante de placer infinito. Aunque el momento es efímero queda guardado en mi memoria durante el tiempo suficiente que necesita el subconsciente para mitigar el calor insoportable. Vuelvo a imaginar el mar, cautivo de su monotonía constante, con un movimiento imperceptible que precipita con suavidad el agua sobre la orilla. Contemplo con los ojos cerrados, el a