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Mostrando entradas de febrero, 2016

La carretera de los sueños

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La carretera de los sueños Creo que ha llegado el momento de desvelar unos de los secretos mejor guardados por mi familia (además de la receta de las migas de sémola de maíz, que incluye la cantidad exacta de sémola, aceite y el número e intensidad de las paletadas que hay que dar para que salgan sueltas). Bueno, realmente son numerosos los secretos y relatos que guarda mi familia y, de la que alguna manera, soy ahora depositario. Y no está demás que de vez en cuando pueda compartir alguno, aunque claro, en ese instante dejarán de ser un secreto. Visto de ese modo me siento en la obligación de pedir, bajo palabra de honor, que todo aquella persona que lea cualquiera de estos relatos, deberá guardar el secreto durante toda su vida. Claro que, puede contárselo a alguien de su familia, quien, a su vez, guardará también el secreto. En fin, tampoco creo que nadie de mi familia se moleste por contar un secreto que permanecerá en secreto. Todo cambia cuando la autovía deja paso a una

El tiempo

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El tiempo Pasan los años dejando marcas en la piel que demuestran el cansancio en lo vivido. Trascurre el tiempo alrededor, como el viento transita entre los árboles, ajeno al rumor que ocasiona. El tiempo como dimensión intangible, necesaria como medida del devenir de las cosas y algo más. Algo que condiciona la vida en sí misma. Que determina la senescencia, que establece el final. Y el tiempo como vivencia, como experiencia almacenada en nuestra mente, como tonos de color que dibujan nuestra propia existencia. Años pueden separar mis sentimientos de esta tarde de sábado, con la noche ya presente, de otra tarde de sábado. ¿Qué pensaría entonces? ¿Cuáles serían mis anhelos?, ¿cuáles mis ilusiones? Quizá la memoria pueda devolverme algo de aquello, pero seguro que el tiempo, que por mi ha pasado, no me permitirá sentir lo mismo que antaño. Ni tan siquiera será el mismo camino el que ahora transite, comparado con el de aquellos años. Puede que la senda conserve el mismo dibujo

Hablar es desabotonar el silencio

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Hablar es desabotonar el silencio Se desabotona el silencio de forma lenta, cada botón de nácar, una nota, cada ojal deshabitado, una pausa, y la inquietante y sorda ausencia, se abre al sonido. El amor se adentra en el alma despojando sus ropas, aliviando el frío al derramar ternura, dando aliento al calor de un beso, abrazando los huecos por donde brota el sentimiento. Los recuerdos evaden al alma desnuda, las caricias los aplazan, las arrugas los conservan, la vida los transita y, a ratos, los espera, y cada noche se duermen, al abrigo de los sueños y al amparo del presente. Recordar el amor intemporal, desde niño, sus luces y sombras, cada latido, dejar que esas sensaciones acunen el alma, mientras … que el silencio roto de aquellas horas sea el sonido de ahora. El amor, desnudez cotidiana, conjura del tiempo abocado al silencio, cuna de amaneceres desabridos, ateridos, hilván de almas destinadas a un mismo tiempo. Desaboto

Invierno

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Este primer día de invierno en la Alpujarra, evoca otros con más frío. Invierno No hace falta que nieve ni que el frío atraviesa mi piel desnuda para sentir que el invierno se asoma, solo necesito apreciar el cambio de luz de los cortos atardeceres… Las calles semidesiertas de mi pueblo alpujarreño y sus bares poco poblados. El viento de poniente desplazado por el viento frío de Sierra Nevada y los olivos estremecidos tras el intenso vareo. Las noches son soberanas de escaso abrigo, destempladas y testigo de heladas. Los amaneceres perezoso y quietos, deshaciendo el manto blanco del rocío. Escaso de luz y ladrón de sombras bajo farolas destartaladas, apremiado de guirnaldas y de adornos, testigo mudo de balcones desprovistos de siluetas. Invierno esquivo y receloso, adormecido galán de primavera, temeroso donjuán del lejano estío, aventurero fugaz tras el otoño. Frío invierno de ladera norte, dónde el sol no es ni un candil de alivio, penoso invierno en el qu