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Mostrando entradas de junio, 2018

A mis padres, una vez más, por como fueron e hicieron

A mis padres, una vez más, por como fueron e hicieron. Removí la tierra alrededor de un olivo imperfecto de 3 patas, no una, sino dos veces. Cavé un hoyo centrado en la profundidad, mientras mis lágrimas se asomaban con la timidez de quien quiere ser siempre fuerte. Y las de ellos me inundaban el alma. La tierra se apilaba, no una, sino dos veces, mientras les buscaba abrigo en aquel lugar que siempre sintieron como suyo. Tierra de labor para tener pan, tierra cultivada a golpes de vida derramada y regada en horas de sereno, tierra mimada con la que llenar la alacena. Recuerdo mis ojos mojados, ausentes del consuelo de quienes me llenaron de amor en su vida. Recuerdo sus manos agitadas por la falta de aire, mientras sus ojos de cristal azul apuraban la humedad del aire. Recuerdo el desconsuelo de aquel hombre, llorando como un niño por la marcha de ella, el ángel de aquella foto que inició la historia de amor que me dio la vida. No voy a deshacer lo tapad

Las letras de mi memoria

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Dejo la puerta abierta más allá del olvido, solo por no consumir el aire que me es ajeno y no desatender el calor atrapado. Finjo que el invierno no me importa, cuando la verdad es que el frío me atrapa y me hace prisionero al abrigo del fuego. Huyo por no oír mis pasos en una habitación vacía y muero cada vez que la luna se hace nueva. Cuando la mirada al cielo la descubre apagada. No concibo esa negrura intensa que no desvela ni un atisbo de asta, ni una incipiente cuna de plata. Adormezco si las palabras no atraviesan mis dedos y se derraman sobre el papel. Y mis manos no son nada, de nada sirven en el espacio, salvo que hilvanen las letras de mi memoria. Las letras de mi memoria                                                      José A. González Correa, mayo 18.

Nunca seguiremos sus pasos

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Es Semana Santa, Órgiva ve procesionar las imágenes de la fe de sus mayores, algunos momentos de este frío mes de marzo, con respeto y un constante bullicio, se han colado en el objetivo de mi cámara. No culpo al hombre, sino al Dios que lo dejó solo. Aterido y frío ante la humillación y la ofensa. Nunca fuimos su imagen sólo un recuerdo imaginado en un mundo ciego e imperfecto. Nunca evitaremos su pena, ni la de tantas almas asustadas, ahogadas en la orilla de un mar olvidado. La brea que inunda el aire, la misma que la quilla porta mientras la abruma el oleaje, no sanará las heridas ni la conciencia. Atado a una columna se ha quebrado el hombre, llorando tras la alambrada, buscan a un Dios que los salve. No quisimos un Dios renegado, preferimos ver morir al hombre, desnudo y vencido sin entender a quienes le ofrecían su odio. Nunca seguiremos sus pasos, lo dejaremos morir a diario, solo mostra