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Vivos en nuestros recuerdos

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Vivos en nuestros recuerdos   Las raíces que los acogen son abrazos dormidos en la memoria. Demoradas caricias sobre el letargo de la tierra yerta,   Son los árboles mudos testigos o sonora sinfonía de trinos, del sonido de las hojas batidas por el viento, en los instantes que el recuerdo acude al día previo a su partida.   Huérfanos de sus vidas quedamos, sintiendo el latido del corazón herido, y nuestros cuerpos se detienen en un lugar alejado de lo que entendemos y a la distancia justa del olvido que no permitimos.   Aquellas raíces deshacen el calor y el cobijo, se convierten en alas para escapar del suelo, y solo quedan cosidos, amor y nostalgia, a nuestros recuerdos y sueños, allí donde siguen vivos.   José Antonio González Correa©, Órgiva 1 de noviembre 2026  

La muerte

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La muerte es la mirada, vestida de derrota, de quien queda desvalido, atrapado en un instante esquivo que no se entiende. La muerte mancha los sentido de quienes la observan, no tiene sentido para quien ya no es, sino para quien se queda. La muerte es ese velo que nubla el pensamiento, haciéndolo pesado e inerte, desgastando inmisericorde el tiempo que transcurre desafinado alargando la pena. Aprendí como es la muerte en los ojos de mi padre, inundados e incrédulos, buscando en la habitación, aún a oscuras, algún movimiento de mi madre. La llamaba, una y otra vez, inconsolable, mientras yo le repetía de forma absurda, tranquilo, no pasa nada. Como si pudiera sosegar, con una frase, la ausencia infinita y fría que lo abrumaba en ese instante. Le habían descosido, a tirones, la esencia de su propia vida. Cuando el tiempo construye un amor tan longevo, no alcanzo imaginar como se supera la partida inesperada de quien es parte de tu propia vida. Aprendi como es la muerte en los ojos de mi ...

Otoño

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El otoño me atraviesa de manera inmisericorde, dejando mi alma tan desnuda que queda expuesta a las sensaciones que multiplican, de manera exponencial, mi forma de sentir. Por eso, no me ha resultado extraño que de camino a casa, mientras caminaba, el espeso verdor de la copa de un árbol o el ramillete de flores lilas, de otro habitante de la acera, me parecieran de una belleza infinita e inabarcable. Lo mismo he sentido al comprobar los espacios recortados de algunos edificios sobre el perfil del cielo, un cielo azul y limpio haciendo de marco majestuoso. El mural que siempre admiro y conozco al detalle, se alzaba distinto a mis sentidos de poros abiertos, haciéndome pausar el paso y contemplarlo como obra nueva llena de estímulos. Me han parecido las aceras perfectamente alineadas en sus filas de baldosas, con los cambios de color a modo de dibujos exquisitamente dispuestos. Bueno, hasta que unas pocas estructuras sobresalientes han hecho que tropezara y dedicara mis pensamientos a a...

Los recuerdos

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  Si pudiera dejar atados los recuerdos …, hilvanados a la sombra de mi historia y cosidos al amor por las cosas. … Primero prendería lo cotidiano, lo que nos hace ser lo que somos, nuestras sensaciones instintivas, aquello que no asombra porque es la parte más común que nos aloja.   A continuación cosería todo aquello que se antoja efímero, caduco o pendiente del tiempo. Los momentos que fueron y que luego se tornaron historias, algunas veces leyendas y otras, quizá, solo sueños. Raídos en los bordes del dobladillo de la prenda de pasado que nos abriga.   Incluso perfilaría todos los sinsabores que hicieron desarrollar los inicios y finales de mi relato como persona. Clichés de vida que forman parte de la película escondida de nuestro paso. Todos los fotogramas que nuestra memoria rechaza, también estarían recogidos en la caja opaca de los recuerdos. Estamparía todas las imágenes de mi mente, dejando la prenda cubierta de luces, claroscuros y sombras. Bordaría las palabr...

TIEMPO

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  Pasan los años dejando marcas en la piel que demuestran el cansancio en lo vivido. Transcurre el tiempo alrededor, como el viento transita entre los árboles, ajeno al rumor que ocasiona. El tiempo como dimensión intangible, necesaria como medida del devenir de las cosas y algo más. Algo que condiciona la vida en sí misma. Que determina la senescencia, que establece el final. Y el tiempo como vivencia, como experiencia almacenada en nuestra mente, como tonos de color que dibujan nuestra propia existencia. Años pueden separar mis sentimientos de esta tarde de sábado, con la noche ya presente, de otra tarde de sábado. ¿Qué pensaría entonces? ¿Cuáles serían mis anhelos?, ¿cuáles mis ilusiones? Quizá la memoria pueda devolverme algo de aquello, pero seguro que el tiempo, que por mi ha pasado, no me permitirá sentir lo mismo que antaño. Ni tan siquiera será el mismo camino el que ahora transite, comparado con el de aquellos años. Puede que la senda conserve el mismo dibujo, puede que l...

El baile de Plutón y Caronte

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  No he podido fotografiarlo, por lo que tomo prestadas algunas imágenes (Plutón y Caronte) Plutón fue desterrado como planeta del sistema solar, demasiado pequeño, a pesar de cumplir 2 de las tres premisas para ser considerado un planeta. Sin embargo, siempre estuvo acompañado por más lunas que la propia Tierra. Aunque desde la Tierra, un puñado de aprendices sobre el Universo (se hace llamar Unión Astronómica Internacional -UAI-) degradaron a Plutón, apenas 76 años después de su descubrimiento, el pequeño planeta sigue realizando su órbita elíptica alrededor del sol acompañado de Caronte, la luna con la que baila en la fría paz de lo inmenso. Plutón siempre se consideró afortunado, a pesar de que su órbita alrededor del sol era un viaje durante doscientos cuarenta y ocho años (contados desde la Tierra, claro) y de que su atmósfera no tenga la composición de la atmósfera de la Tierra; aunque, realmente, el nitrógeno, cuando Plutón alcanza su afelio, cae solidificado sobre la super...

La niña que miraba a los lobos

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  Al calor del fuego y a cobijo del Cortijo, la noche seguía invitando a prolongar la tertulia y seguir compartiendo comida y vino. La mujer, sin embargo, seguía preocupada. Aunque su marido le había mostrado con su gesto que se permitieran permanecer allí un buen rato, ella, que sostenía a una niña en sus brazos, pensaba que había llegado el momento de marcharse. –Es muy de noche–, exclamó. –Quédate un poco más–, le comentó la dueña del Cortijo. –Prefiero marcharme, él que se quede, está disfrutando de este buen rato y bastante trabaja todos los días en el campo– La mujer se levantó, le dio un beso tímido a su marido, arropó bien a la niña y salieron del Cortijo. Hacía un buen rato que nevaba, por lo que preparó con la toquilla un esbozo con el que tapar la carita de la niña. La pequeña la miraba a ratos, mientras entraba y salía de un duermevela. Tenia los ojitos de color miel y el cabello oscuro, con una cara sonrosada por el calor del fuego de la chimenea. Era delgada, lo que a...