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Mostrando entradas de mayo, 2017

Caricias de invierno

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Caricias de invierno Encallecieron sus manos de acumular el paso del tiempo al exponerlas a madrugadas frías y tardes infernales de estío, a espacios opuestos del mismo tiempo que acompaña la andadura. De sentimientos callados, dónde el ardor encontraba la caricia intensa, el descolorido paso del tiempo en su cabello cambió la pasión por la templada y tibia nota de calor del sol recién aparecido. Las manos enérgicas de antaño dibujadas ahora como señales ciertas de tantos instantes vividos. El aire que lo envuelve mientras lo observo ha descosido su ayer y ahora, percibo su pulso firme y sus ojos nostálgicos son ahora los de un niño. Asomado a las lindes del campo con la mirada fijada en las copas de los árboles, explorador de nidos y soñador sin alas. Como un héroe imprescindible para mi, su mirada me traslada volando hasta sus pensamientos. En ese lugar caigo rendido y abrazo sus recuerdos que reconozco tan míos. Tan necesarios e inabarcables que disipan mi percepción del

Tres gotas de felicidad

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Colocó tres gotas de felicidad sobre la arena, solo tres gotas de locura, tres salpicaduras de espuma de agua salada, esencia de mar y salitre. Desde el cubito de playa movido por el caminar inquieto, el agua estremecida saltó hasta la arena, solo tres pequeñas gotas deshicieron el espacio y cayeron. Antes del castillo de arena, tres perlas transparentes e impacientes se encontraron el vacío, espacio quieto y efímero al que jamás volvieron. Antes del aluvión que caería del cubo, las gotas primeras, las tres audaces, besaron la arena, un alivio efímero para el calor que atesora, tres gotas de felicidad sobre la arena ardiente. Derramadas por un niño de paso incierto, absorto en el juego de regar la arena, tres simples gotas son la primera sensación de frescura, casual y delicada. La felicidad como un instante robado al tiempo ejecutor de lo diario, como un relámpago de sensaciones de intensidad inabarcable. Como un regalo inesperado, tan frágil en su env

Cuento para la princesa (o como surgió Sierra Lújar)

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Cuento para la princesa (o cómo surgió Sierra Lújar) No imagino como debe ser la historia que consiga emocionar a la princesa del cuento. Aunque más allá de cualquier historia siempre hay un cuento que termina bien y hace feliz a quien lo lee o cuenta. En este caso, no es como termina la historia lo importante, sino la emoción y el color con los que empezó. Emoción dispuesta a ser guardada en cualquier momento y calor disipado tras el choque de dos corazones. Entiendo que cualquier bufón de corte debería saber contar el cuento apropiado para las pequeñas infantas, que tarde o temprano serán princesas, primero, y luego reinas. Por ello, elegir un cuento era vital para ayudar a soportar el tedio de cualquier palacio. Yo imaginé un cuento que fuera capaz de hacer dormir a cualquier princesa. Y lo hice pensando en que cualquiera de ellas mantendrá siempre un corazón de niña. Pequeñas princesas de cabellos rubios acaracolados y ojos soñadores, subidas a zapatos de tacó