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Mostrando entradas de febrero, 2017

¿Hacía donde camina la luz que se pierde?

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¿Hacía donde camina la luz que se pierde?, aquella que abandona el instante y se convierte en sombra o, incluso, en oscuridad. A la espalda de la vida, como algo previsto, está la muerte. Inabarcable y constante, opuesta a la cadencia de la vida. Mirarla de frente congela el pulso y   mantiene el silencio cosido   a la espera. Se hace inapelable, aunque se advierta en cada momento vivido. Incomprensible para quien queda viviendo lo que antes era un transitar de ambos. Insufrible el momento que quiebra el hilo de la existencia. ¿Desde dónde mirar la muerte sin que la razón quede huérfana? ¿Qué imágenes conservar o desde dónde velar la luz que ya no queda? Transitar es el momento, antesala de espera de lo imposible. Ese instante fugaz y dañino, el preludio de lo que será arrebatado para quién se queda. Transitar es caminar a otro lado, olvidada la conciencia de lo acontecido, porque de ese espacio no hay nada aprendido. La muerte es silencio, introspección y mela

... solo se enseña

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En ese espacio finito e inabarcable, todo cabe, todo se conecta y proyecta como sombras chinescas. Es la esencia incombustible de nuestra propia existencia, un lugar imperecedero donde vagará nuestra historia. Hilvanada a nuestros momentos cotidianos, va creciendo entre la razón y la esperanza. La abrigan los sentimientos, creencias, necesidad y consuelo. Y se mantiene a la distancia necesaria entre lo esencial y lo mundano, sin necesitar la conciencia aísla lo trascendente para proyectarlo en sueños. Se acomoda a nuestra piel con la suavidad precisa para no molestarnos. Cada uno de nosotros la guarda o muestra si siente la desnudez de otra cerca. No la puede ver cualquiera, enseñarla conlleva el riesgo de descubrirnos tal cual somos. Y aprender a verla es tan difícil que nos llevará la vida entera. Descubrimos los retales que creemos son invulnerables, pero a veces, apartados de prejuicios y confiados en el otro, deshacemos el hilván y la extendemos humilde, la mejor de nuest
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Empiezan a desperezar las otras flores de invierno. Los almendros han florecido ya hace tiempo y ahora, con cada golpe de viento derraman sus pétalos sobre el suelo sembrado de vinagretas. El zumbido de las abejas, en tránsito con el murmullo del viento, hacen que abandonar el ritmo de la vida y perder la mirada en el cielo se convierta en rutina. Flores del manzano y del albaricoque se han asomado y adormecen la mirada mientras se contemplan.

Ermita de San Sebastián (Órgiva)

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Encaramada en lo más elevado del pueblo, la Ermita de San Sebastián (patrón de Órgiva) es un excelente punto de destino para un paseo urbano. Como reza el cartel que se encuentra en una de sus fachadas: "Edificada sobre una antigua fortaleza árabe visigoda, en la cúspide de una suave colina, desde donde se domina el hermoso valle de la Vega de Órgiva." "... En 1589 se abrigaron los cimientos de la ermita sobre el solar del viejo castillo". A la ermita se llega transitando por las estrechas y empinadas calles del Barrio Alto.

Banco de madera

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Banco de madera ¿Qué quisiste ser que no fuiste?, ¿En   qué lugar te vencieron?. Fuiste lo que de ti hicieron. Naciste para contemplar el cielo. Acomodas mi figura sin importar el peso, y reduces el cansancio y apresuras, sin descanso, los momentos invisibles, el silencio más rotundo sobre tu superficie firme. ¿De dónde vienes viejo árbol?, desprovisto de tus ramas y tendido, aun dibujas los contornos de cómo eras, cuando tu vida se erguía en la ladera. Reconoces, por el sudor que me cubre, los ahogos y descansos que dejé en el camino, y paciente, consciente de que estás siempre, esperas que me consuele mientras me siento en tu regazo. Imagino tu historia al compas del ritmo tranquilo que discurre en un calle de pueblo. El niño vuelve de la escuela, frotándose las manos por culpa del frío. A sus espaldas, la ladera de la montaña se vistió la pasada noche de blanco, desnudando aún más de ocres el color del paisaje. Al llegar a casa,

O Sel Ling, un paseo en invierno

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O Sel Ling es un centro de retiro, situado a 8 km de la ermita del Padre Eterno, poco después de dejar atrás el desvío hacia Soportujar. Se accede por un carril adecentado, pero que conviene transitar a pie, si se desea disfrutar del paisaje y dejar la amortiguación del vehículo intacta (resulta evidente que la mayoría de los visitantes optan por subir en coche, como no). Además de visitar el lugar de retiro (Centro Budista), lo que fascina son las espectaculares vistas del valle del río Guadalfeo y de los pueblos de la vertiente sur de Sierra Nevada, con algún vistazo al barranco del Poqueira y a la inmensidad de la sierras, Nevada y Contraviesa. La colección de fotos pretende animar a los amantes de la naturaleza o simplemente de la belleza, a que se animen a caminar estos parajes, que sin duda son un regalo para los sentidos.