Dibujo: José Antonio González Correa (hijo) Esperaba para cruzar la calle a pie de un semáforo, mientras una mujer hablaba con un hombre joven a la puerta de un supermercado. El hombre, no llegaría a los 30 años, le daba a la mujer, estaría en los sesenta y pico, una serie de explicaciones sobre dónde pasaría la noche del 24 de diciembre. Estaba sentado en el suelo junto a una lata, instantes antes de la conversación, exhibía su mano desnuda en actitud de pedir limosna. La mujer debió reconocerlo y, por ese motivo, estableció conversación. Según fui deduciendo, la muerte de sus padres lo había dejado en una situación difícil económicamente y, aunque tenía un hermano, cada uno atendía sus circunstancias y afrontaban la vida sin mucha interacción entre ambos. Vivía no lejos de allí, en un pequeño refugio improvisado, se había quedado sin casa y el tr...
Deja que el aire se pare, que el tiempo sucumba bajo su peso, que los recuerdos transiten por hilvanes invisibles entre el alma y la memoria. Que la soledad te visite lo necesario para que conocerte sea lo imprescindible. Y más allá de acunar tu propia historia, esparce tu conciencia ayudándote del viento, para que el camino se tapice con los pétalos de tu esencia. No dejes de acomodar el frío, tu calor es necesario, tus brazos son abrigo de lo ordinario. Y si lloras, que tus lágrimas sean rocío y hagan brillar los campos mientras la noche se desviste abrumada por el día. Y si la sonrisa atrapa tu boca que la libere despacio, amortiguando palabras mientras dormitan tus ojos. Sé lo que necesites, acomodar el tiempo no es opción para recibir el año. Feliz año 2025, JAG Correa
El miedo es difícil de ocultar, sobre todo en el rostro de un niño o de una niña. Son ignorantes sobre el porqué de la circunstancia o de quienes la provocan, solo son sufridores inocentes. Pero el sufrimiento del menor permea en sus padres, les arranca la esencia de sus vidas y los hace vagar por un dolor que no se va nunca. Da igual la bandera que arrope quien provoca el miedo, solo importa la consecuencia: vidas marcadas por actos ajenos que paralizan esos años donde la inocencia es la única verdad inalterable. Da igual lo que ignoremos sobre los comienzos del conflicto, ni cuanto de atrás vengan los hechos que ahora generan los actos. Es una infamia buscar explicación a que una bomba destripe a niños inocentes (o a cualquier ser humano, vaya o no preparado para la contienda), es una infamia explicar el origen de un movimiento cuyos ejecutores ametrallan a una multitud indefensa, por venganza. Da igual, matar no tiene sentido, ni explicación ni lógica, salvo que un centímetro de tie...
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