Dolor o cordura
A veces, la belleza de los atardeceres es tan sublime, que me hace sentir pequeño, insignificante y necio. Solo con ver como el mismo paisaje cambia al cambiar la luz que lo proyecta. Me invade ese sentimiento de derrota, sin lograr saber de donde sale, de donde brota. Solo soy capaz de transcribirlo musitando aquellos momentos en los que el corazón se empaña y su latido me descoloca. Y me empeño en afirmar que a estos años que aprisiono para no perderlos, el tiempo se apiade y me conceda no sucumbir a los ocasos. Nunca opuse el dolor a la cordura ni inicié mi caída sin acotar los sentimientos. Jamás dibujé los pentagramas que quise, ni adorné con luces las notas señaladas. Seguí mi senda hacia donde se pierde la cordura, hasta la fábrica que agoniza y entierra los sentimientos. Llené de agua de esperanza mi derrota, cuando azahares blancos danzaban en el aire, cuando las gotas sabidas de mi angustia cierta afloraban y dejaban mi boca ajada y seca. Hundí mi cabeza para callar lo que si...