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De Zute a Órgiva

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Vuelvo después de pasar la mañana en la melga, intentando lo imposible, que los regueros conduzcan el agua de forma certera, que la hierba crezca tejiendo una alfombra donde las mariposas dibujen vuelos inesperados, que las orillas no se desdibujen y que ningún árbol palidezca. En definitiva, vuelvo cansando y agradecido por poder cuidar un trozo de naturaleza. Aunque, a decir verdad, es ella la que me lleva cuidando a mí veintitrés años. Adormeciendo la ansiedad acumulada, dejando que la tierra acomode mis golpes de azada para descargar mis miedos, a la vez que ella se airea y les brinda más vida a las plantas.  P ermitiéndome contemplar la floración, cada año más temprano, de la primavera, sin olvidar el desplome, unos meses antes, de los pétalos de la flor del almendro.  Caen mecidos por el viento mientras la falda sur de Sierra Nevada aun luce blanca. Como si emularan los copos de nieve que cubrieron la sierra, adornan con detalles blancos y rosas el manto verde y amarillo...

Un vecino ha muerto

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Las campanas de la iglesia de Nuestra Señora de la Expectación tañen, dos toques de la campana grande, seguidos de un toque de la pequeña, ha fallecido un hombre en el pueblo.  No tendrá más transcendencia, salvo la pena que aflija a la familia, a algunos conocidos o a un puñado de vecinos. Era un vecino más en el pueblo, nada especial como para que se reseñe en algún otro sitio, no porque no lo fuera, solo porque le había tocado vivir ser uno más.   Sin embargo, fue uno de esos hombres que, callado, casado y humilde, trabajó su jornal sin peros, cultivó su finca, fumó y bebió como el resto y creció, con la mansedumbre de aquella España esquiva. La España en blanco y negro que adoraba toreros, cantaores, folclóricas y que, atenta al transistor, festejaba los goles y las pocas proezas del deporte individual (Santana, Bahamontes, Carrasco, …, Paquito Fdez. Ochoa). La España de dirigentes bajo palio que se preguntaba a quién servía la Iglesia, más preocupada de no perder posición...

Paisajes de la Alpujarra: el cielo

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Tengo un hijo de talento artista

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Hay corazones que palpitan sobre un lienzo, que solo palpitan sobre un lienzo en blanco. Hay sentimientos llenos de notas que musicalizan el repiquetear de la lluvia. Hay mentes llenas de furia y también de euforia, sentidas y lastimadas, que a veces pierden la cordura, pero nunca la razón en recuperarla. Tengo un hijo de talento artista, tan lleno de sensaciones y sueños que a diario añora las cosas por venir. Tengo un hijo flexible como un junco, como un junco junto a la ribera de un río. Y como el propio rio, valiente y atrevido, lleno de corrientes, pensamientos e ideas y como el río, acompañando y abandonándose a la deriva. Porque el rumor de un rio se percibe entre sus aguas, participando o, desde la orilla, contemplando. Un junco flexible, tan resistente que ni los embates del viento, ni el calor más seco, llegan a tornarlo mustio. Comprometido con defender la propia rivera donde asienta, abrigando la vida que entre los juncos se refugia. Como un crisol de nostalgia, alquimia pu...

Aceite de oliva y salud. Olivares monumentales

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Video de las jornadas  

Me despido del mar

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Una y mil veces miré la mar su atropellado trajín, y en la arena veía la espuma borrar lo que imaginé. Nunca creí que sentir tuviera tal espera,  y cansado comprendí que me equivoqué al pensar que la mar se detuviera. Fui guardián de la luna, la acompañé por la sierra,  eso sí, solo ocurrió en mi cabeza. Porque presto a morir,  el sol destila belleza, musitando los colores  en un cielo adormecido. .. Quisiera enterrar el adiós que hoy prometo,  imaginando la belleza, de lo imaginado y lo vivido. La aspereza de la tierra, el reflejo de plata en el envés del olivo y la mirada furtiva que nunca olvido. Hasta aquí llegó mi espera, sin epitafio final,  sin nada que olvidar, salvo despertar de un sueño de mar y vivir de otra manera. El principio del adiós es la manera de acabar sin contemplar el final, pero … queda caminar el principio del otoño,  queda imaginar el invierno agotado, queda por vivir lo que Dios me ha dado.

La vejez

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Acumulamos sensaciones cargadas de años  deseosos que la llanura nos encuentre en el siguiente paso, pero con el alma aventurada a escalar cualquier cima aunque lo hagamos en la cordada de aquello que fuimos, … de lo que queremos seguir siendo.   Con el alma de un niño seguimos viviendo, pensando, amando y sintiendo cada soplo de vida con el que apagamos las velas de nuestro cumpleaños, deseosos por retener recuerdos y no perder a nadie     Bastantes renuncias hicimos mientras nos hacíamos viejos, demasiadas propuestas varadas, demasiadas noches aplazadas, demasiadas promesas al tiempo. Por ser lo que fuimos, renunciamos a lo que quisimos ser, por hacer cómodo el camino, siempre quisimos volver. Por mostrarnos como debíamos ser olvidamos enseñar nuestra desnudez. Hoy que mi piel no es firme que las arrugas o, quizá, los pliegues del tiempo, recorren como tornas sin agua las expresiones gastadas de mi rostro. Te miro, después de años sin vernos, cada cual en su rutina...