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Las olas

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Las olas   El ruido del mar arrulla como no lo hace una nana y las inquietas olas se acercan, me miran y sacuden espuma.   En su eterno vaivén me mezo y conmigo mis sentimientos, extasiados por el roce delicado de la mar sobre mis píes descalzos.   Algunas se aproximan derrotadas, desnudadas de su encaje blanco, llegan detenidas y asustadas y se retiran sin ocupar espacio.   Otras aparecen bravuconas y dispuestas, cabalgando sobre un fondo trasparente, brincando sobre las rocas y derramando pequeñas gotas y un rumor, …, que recordamos siempre.   José A. González Correa

Desde la ventanilla del tren

Hay verde, y agua, olivos preñados, encinas con un verde oscuro y limpio. Los túneles me apagan el verde, el sol me ciega a la salida. Genistas tiñen el ocre que la hierba alta deja. Y de pronto espejos de figuras diferentes, agua descansada y quieta. Y sigue el verde Quejigos, a la vera de los railes desenfocan mi visón entretenida con los postes de la línea de luz. Hay un parche amarillo raído, con botones colorados,  de amapolas vergonzosas y ... espigas que se van tostando con el sol de primavera Jose A. González Correa

Ascua

Ascua de encina resinosa. El rojo, hurtado del lomo del Fruto y la frente del Sol. El humo, me lo prestó el otoño en una chimenea y se lo devolví al verano apilado en el Mulhacen. La ira me la están extinguiendo, a cambio me regalan calor. Y con ese calor me mantengo, ni me extingo, ni me incendio. Y si me extingo, que al menos me apague el acero de un caldero, un cocinero inexperto y el olor a migas. Uno de mis lujos es brillar rubíes un par de veces para que, al descubrirme, se sonrían o no me pisen al menos. José Antonio González Correa Jr. 27 de abril de 2020 (justo antes de dormir) No hay regalo que pueda encerrar la ilusión con la que se reciben los versos. Versos que se derraman en la telaraña métrica de un poema. Quizá esperamos los versos teñidos del amor soñado, o nos sumergimos en la magia de los maestros del verso. Pero, ¿qué ocurre cuando te los regala un hijo? Que todo vuelve a cobrar sentido, que la música se diluye en tus venas te invade y te invit...

Homenaje a la Unidad Militar de Emergencias

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Se retira la luz desde el lugar, no lejano, dónde se acuna el frío. Solo queda el espacio después de un velar tardío Son sonidos secos los que anuncian la retirada, días y noches eternos de sentimientos encogidos. Empapado de sudor su ideario, hilvanando entre todos la pena,   a nadie permitieron el desamparo y nadie permaneció a oscuras. Ningún corazón dormido pasó las noches solo, nadie quedó sin abrigo aun en el Palacio del Frío. Las almas durmientes continúan el camino, cada una acompañada por los dioses elegidos. Todo lo ocupa el silencio tras la marcha tranquila, solo el aire distraído traslada el sonido ahuecado de los pasos. Solo ellos sabrán como volvieron tras acompañar la tristeza, solo ellos sabrán que sintieron ante tanta pérdida en esas noches de vela. No estuvieron solos No se apagó la luz Nadie los abandonó Todos fueron uno. Con admiración a los hombres y mujeres del Regimiento de Apo...

Enfermedades y males del futuro: en ensayo científico y creativo

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Hoy es el comienzo de lo que queda de día

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Aíre que despacio me envuelves, que acaricias como la seda, …, mi alma cansada. Alas que subís mi mirada al cielo, con asombro y anhelo. Nubes cubiertas con aquello que no siento, pero percibo como algo suave y pleno. Tenues gotas de rocío que recibo mientras pienso abstraído, durante esta noche que ahora acaba. Amanecer frío de aíre detenido, salvo la brisa justa que mi piel tersa. Gotas acunadas por las hojas, por los pétalos abiertos y expuestos durante otro comienzo de día. Ausentes otros días, aquellos que ya son pasado, desperezan el ahora que me visita. Hoy es el comienzo de lo que queda de día. José A. González Correa

La pasada Luna (Sierra Lujar)

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