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Méceme madre

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Seguro que si cierras los ojos, en esos momentos en los que sientes que el aire no alcanza resarcirte de un largo día, se dibujan momentos inolvidables, mágicos e inalcanzables en ausencia de calma. Esos momentos en los que añoras el ocaso del sol después de todo un día de juegos, cuando la paz era el regazo de tu madre, igual de cansada, pero dispuesta a tejer la tela de tus sueños. Déjame sentir que esta noche no terminará con el sueño, que la calma que acunará mis ojos, la gestionas con hilos invisibles que no veo. Permite que un corazón camine a la distancia precisa y acompase el parpadeo de tu mirada, bajo el preciso perfil de tu sombra. Vuelve a cubrirme con parte de tu pelo, mientras se derrama entre mis dedos cuando apenas mantengo los ojos abiertos. No me dejes dormido más allá del momento que permita despertarme junto a tu latido, vencido por una larga noche. Déjala apartar el día, permite que lo deje atrás, sentado en l...

No me canso de observar el baile de una abeja

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José A. González Correa

El peso del cielo

El peso del cielo Caído el telón, pesadamente, velada la luz que encendía el paisaje: Viran los azules, de celeste a añil, un instante fucsia y al final negro. La sinfonía inacabada tendrá que esperar otro día para que queden sus notas colgadas del pentagrama. Cielo sobre el mar o tierra, o sobre nubes o.., sobre más cielo…, infinito Como un acertijo se dibujan y aparecen, como guirnaldas, las estrellas. ¿Colgadas al azar?, ¡que importa! Ausculta lo que tu corazón siente…, galopado, pausado, intranquilo, ¿escondido?, ¿has de moverte para que se conmueva? Siente, no pienses, solo ausculta su latido y cuenta, a su ritmo, ese esplendor de estrellas. Cabecea sorprendido por lo que ante ti se despliega, empapa tu piel con la brisa fugaz que se levanta, es suave, ligeramente fresca y algo húmeda. ¿Recuerdas ahora como se levantó el telón del día? ¿Para qué?, si ahora tienes la noche sentada en tus rodillas. ¿Por qué enciendes la luz?, si la noch...

Como acuna los sueños una madre

He vuelto a encontrar tu risa tras el acodado trozo del camino donde la brisa me acaricia la cara, secando el sudor prendido de mis labios. He vuelto a encontrar el color de tus ojos ocupándolo todo, llenando el cielo, llenando mi alma a la espera de verlos. Cada suspiro de aire huérfano se paseó primero por esas montañas, las mismas que me han sentido pensarte tanto, las mismas que te quieren sin verte, las mismas que te saben sin sentirte cerca, de tanto caminarlas yo, haciéndome vivir y dándome abrigo desde que me faltas, las mismas que dibujaré al verte, las mismas que dibujabas en cada abrazo, cerrando sobre mí el aire y abrigando mi esperanza. Me siento a esperarte, trasladada por el viento, pensando que me piensas, penando porque no estoy cerca y sin tocarte te siento y te evocas en el paisaje. Cada paso gastado en llegar lejos me acerca y te pienso con consuelo, con ilusión de niño perdido, con caricias de antaño, con ternura cierta ...