Desde el principio, que permitió el milagro de la vida, actualizado con cada generación han construido nuestra historia. Acompasando el paso que le marcaban, entonces, y marcando el ritmo de la realidad, ahora. Ellas, la necesaria razón de un mundo imperfecto. Paraguas de días de lluvia, paraguas de parasol. Sentidos alertas para acunar ilusión. Sentimientos de colores que evitan la tormenta y abrazos infinitos que adormecen el corazón. Sollozos escondidos sin asomar del rincón, donde solo se abriga si con eso da calor. Mañanas de carreras, tardes sin descanso y noches en vela para consolar el llanto. Triunfos compartidos y fracasos asumidos en soledad, sin temor y sin llanto explícito y con todo para dar: caricias prendidas de azúcar y migas de pan, desde el desayuno a la cena, sin desvanecer jamás. Tejedora de los sueños y defensora si más, gobernadora del espacio y gestora de la vida, desde el inicio hasta la primera luz y el primer llanto, s...