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Aprendiendo a ser alpujarreño. Parte I

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Aprendiendo a ser alpujarreño Parte 1. Ha caído la noche, pronto se ha acostumbrado el sol a echarse en este horario de invierno. A las cinco y media de la tarde, te invita a que recojas tus aperos del campo y a la seis, la tibia luz que te regala solo sirve para que distingas el perfil de la linde del camino, por lo que, sin más demora, debes dar la faena por concluida y regresar a la casa. Evidentemente la vida de un alpujarreño no se limita a hacer las tareas del campo. Hoy día todos sabemos lo desagradecido que es el oficio de agricultor o ganadero. Se resume en muchas horas de trabajo, esfuerzo, sudor, dolor y escaso rendimiento. Por lo que poco a poco, los hombres y mujeres de esta tierra han diversificado su actividad profesional, desarrollándola en cualquier oficio imaginable, sin abandonar, eso si, el terruño, la melga, la finca, el haza, como uno quiera llamar al trozo de tierra, que entretiene y ocupa tanto como regala y preocupa; al hilo de araíjos (arado), sie...

Las alas que nunca volaron

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Las alas que nunca volaron mojan sus ganas sobre gotas de sentimiento de unos ojos tristes. El aliento contenido tras los sollozos ciertos, los sinceros gemidos de un pequeño corazón roto. Y desde el cielo, cientos de siluetas enseñan a volar al que se ha ido. Y desde abajo, la sonrisa prendida en la ilusión de niño. Se le escaparon sin suspiros las alas que el mecía y hacía fuertes con sus mimos. Con sus manitas hacía cuna para que estuviese en su nido. Y sus ojos enormes lo miraban como a un niño. Se ha ido a buscar sus alas para volar muy alto, pero se quedará   a dormir para siempre en tu alma. Porque ningunos ojos, ni ningún alma, miran como lo hace mi niño. Las alas que nunca volaron José A. González Correa

El perfil velado de luna

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Pétalos arrancados al tiempo, con el mar de nuestros sueños como fondo y el silencio de los recuerdos acostados que nos alejan del rumor de las olas. Caricias del viento en otoño, sentimientos en ocre que nos alcanzan, momentos de gloria vividos sobre la lápida de nuestra nostalgia. Se forman las olas tranquilas, repletas de espumas de antaño, se acercan y besan las manos y mejillas de nuestro presente. Las olas de plata con luna, las olas de azul que traspasa si el sol las baña. Momentos de colores de gloria cuando el otoño amanece tranquilo, suaves pasteles para paletas de genios, tristes añiles para corazones poetas, color de quebranto para un adiós temprano o para un ¿hasta cuando?. El tiempo se hace pausado en otoño, acompasa las nubes repletas de grises y heridas de un sol callado; heridas abiertas y cerradas en un compás de movimientos lentos. No quieren llegar a su destino, no quieren pasar el otoño, temen llegar vestidas de invierno. Se ha vuelto loco el artista...

Los viejos enamorados

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Se le llenan los ojos de lágrimas, salado amargor lleno de agua. Aprieta las manos mientras tiemblan sus labios, aquellos que la besaron. Le brillan los ojos, que no saben donde mirar, mientras la piensa. Ese es el motivo de la pena. Mi alma se queda quieta, mi voz tiembla mientras lo abrazo. Me oigo mintiéndole, porque ya nada me parece cierto. Vuelve a abatirse, baja la cabeza y oculta   la mirada. No quiere mostrar sus ojos anegados, de nuevo la está pensando Cuantas vidas han quedado ahora solo en una, cuantos anhelos enterrados, cuantos recuerdos sumidos en el desastre, cuantas verdades arrasadas por la muerte. Revive cada momento en silencio, musita palabras atrancadas en su garganta, siente hundirse su pecho sobre un vacío inacabable. No supera que su amor se muera, no quiere quedarse para velarla, sólo partir con ella para abrazarla. La miró con tanta ternura, con tanto amor, mientras dormía para ...