Aprendiendo a ser alpujarreño. Parte I
Aprendiendo a ser alpujarreño Parte 1. Ha caído la noche, pronto se ha acostumbrado el sol a echarse en este horario de invierno. A las cinco y media de la tarde, te invita a que recojas tus aperos del campo y a la seis, la tibia luz que te regala solo sirve para que distingas el perfil de la linde del camino, por lo que, sin más demora, debes dar la faena por concluida y regresar a la casa. Evidentemente la vida de un alpujarreño no se limita a hacer las tareas del campo. Hoy día todos sabemos lo desagradecido que es el oficio de agricultor o ganadero. Se resume en muchas horas de trabajo, esfuerzo, sudor, dolor y escaso rendimiento. Por lo que poco a poco, los hombres y mujeres de esta tierra han diversificado su actividad profesional, desarrollándola en cualquier oficio imaginable, sin abandonar, eso si, el terruño, la melga, la finca, el haza, como uno quiera llamar al trozo de tierra, que entretiene y ocupa tanto como regala y preocupa; al hilo de araíjos (arado), sie...