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Como palpita la luz de una vela

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Como palpita la luz de una vela Oí tus pasos sobre el sonido del fuego, y acallé mis dudas cuando aún había rescoldo. Mientras las llamas crecían el aíre se apresuraba. Cuando el calor se vencía, se apaciguaron las ganas. Las mañanas se hicieron rutina tendidas sobre la cama, y las noches, inconscientes, escondidas bajo las sábanas. Los meses alborotados deshacían el calendario, y caminando año tras año se nos perdieron los pasos. Rendidas de tanto andar las sombras no regresaban. A cuantos cuerpos siguieron para hilvanar sus perfiles. Aunque en ninguno encajaban cosidos ya en otras almas. Y, sin dejar de buscar, un día nos encontraron. Para cada paso perdido queda otro con la necesidad de hallarlo. Cada instante de luz es el preludio de otro ocaso. Somos lo que andamos buscando y la ilusión de encontrarlo. Y nos movemos sin remedio en un mar de desencantos. Y como palpita la luz de una vela, su desconcertada sombra se pierde, a...

Ilusión

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Va prendida en la llama del candil la ilusión que al principio inflama como luces del ocaso antes del añil y alborota el corazón que derrama. Que vacía la soledad que lo acompaña y alimenta impaciente de vida la llama, y a ese pensamiento preso que empaña la ventana tras una lluvia que sollama.                 La alcuza como recipiente necesario para que la luz incierta tenga origen y refleje en la pared lo extraordinario. El pasado con alforjas que afligen, testigo mudo alojado en lo ordinario como caricias silenciosas que te dirigen. Ilusión José A. González Correa Órgiva, 14-07-18

A mis padres, una vez más, por como fueron e hicieron

A mis padres, una vez más, por como fueron e hicieron. Removí la tierra alrededor de un olivo imperfecto de 3 patas, no una, sino dos veces. Cavé un hoyo centrado en la profundidad, mientras mis lágrimas se asomaban con la timidez de quien quiere ser siempre fuerte. Y las de ellos me inundaban el alma. La tierra se apilaba, no una, sino dos veces, mientras les buscaba abrigo en aquel lugar que siempre sintieron como suyo. Tierra de labor para tener pan, tierra cultivada a golpes de vida derramada y regada en horas de sereno, tierra mimada con la que llenar la alacena. Recuerdo mis ojos mojados, ausentes del consuelo de quienes me llenaron de amor en su vida. Recuerdo sus manos agitadas por la falta de aire, mientras sus ojos de cristal azul apuraban la humedad del aire. Recuerdo el desconsuelo de aquel hombre, llorando como un niño por la marcha de ella, el ángel de aquella foto que inició la historia de amor que me dio la vida. No voy a deshacer lo tapad...