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El amor y el tiempo

El amor y el tiempo No permitiré a mis ojos cansado que dejen de verte como antes, como cada vez que el silencio ocultaba sentimientos vencidos, a la puerta del colegio con la cartera repleta de sueños, escondidos en la cartuchera de recuerdos juntos al lápiz y las canicas. No serán mis arrugas las que oculten mis ganas, ni las canas las que adormezcan el deseo haciendo pasar la mirada por el hueco de mis gafas, siguiendo el perfil de la sombra que te sigue cuando te alejas. No serán mis manos gastadas las que renuncien a mesar tu pelo, con su movimiento pausado y sus marcas de tiempo, temblando si adivinan la caricia que encierran las tuyas, reviviendo la timidez de primer roce a escondidas. No dejaré que mi corazón descompase mis píes cansados mientras se acercan a buscarte y se enredan con la alfombra, mientras me sostienen con torpeza y se esfuerzan por llevarme al abrigo de la noche cálida que encierra tu abrazo. Quier...

Letras cosidas al viento

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Tantas veces le cosí letras al viento para que las llevara ligeras hasta dónde yo no llego, y cuantas el viento me devolvió otras voces como lentas caricias, casi gastadas de tanta distancia recorrida y tantas gargantas visitadas. El aire como aliado de un vuelo sin tripulante, de un viaje de azares que lleva a cualquier parte, sin esperar más que la vuelta cierta de los anhelos enviados, envueltos ahora en suaves ráfagas de viento acomodada en un eco eterno. Tantas noches sin sueño y abrochadas a la ilusión que el esbozo de la sábana ahueca en un mar de algodón, dónde el tiempo, detenido en la noche anterior, espera y acuna  a un cuerpo  que se acoge al mismo lugar y hueco dónde recuperar el sueño. Un sueño incompleto de la noche anterior, confiado en atenderlo y acompañarlo hasta que se haga de día. Desde mis noches de niño, atemorizadas por la falta de luz, recupero la bombilla encendida para apartar el miedo, a sabiendas que los temores de e...

La noche

La noche He salido despacio, apercibido por las noticias sobre la ola de frio, buscando encontrar lo que escondía la noche. Tras caminar unos pocos pasos, la luz suspendida de la farola de la calle se iba enmudeciendo, mientras yo notaba los primeros avisos del frío, el aíre me lamía la cara con una humedad helada que no esperaba. Caminé discutiéndole a mi razón el hecho de encontrarme allí, en medio de una calle oscura que ascendía entre la fila de coches aparcados. Las antorchas de luz moderna, farolas que agitaban la luz que desprendían merced al viento que arreciaba entre remolinos de papeles y bolsas de plástico, se iban sucediendo mientras avanzaba en mi camino improvisado. Poco a poco, la helada sensación de mi cara iba acariciando el resto de mi cuerpo, las manos se quedaban prisioneras de los bolsillos, mientras las orejas eran islotes abandonados en medio de un mar de hielo. Y allí estaba yo, llegando a un descampado cercano al cementerio antiguo, desaparecido de all...