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Por si mi alma me encuentra (reflexión de otoño)

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  La lluvia fue amainando, descansada caricia para la cara la suave humedad de las últimas gotas descolgadas del cielo. Sentimos la ternura de la naturaleza al comprobar la tranquilidad con la que nos acogía después del aguacero. Nuestras vidas mimetizan el ciclo temporal de lo natural, de lo ordinario y habitual de las circunstancias propias de lo cotidiano, reflejado en el ciclo de luz, en el continuo crecimiento de una brizna de hierba o en el constante trasiego de un ave construyendo su nido. Todo viene y va, sin olvido de lo anterior ni tregua para lo futuro. Somos la traducción perfecta del movimiento, el ejemplo de la energía potencial, de lo dinámico que resulta en el anhelo. Hemos traducido el futuro como esperanza, y ésta como deseo. Hemos creado una realidad desde el mundo de los sueños y nos esclavizamos a ella. La codicia es solo la coartada, la verdad está escondida en nuestra propia frustración, la que resulta de no alcanzar nuestros sueños. Acabamos ...

Almas perdidas

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Fotos: José A. González Correa   Profundizamos en la distancia que se regodeaba en nuestros cuerpos, pensando que la lejanía curaría los defectos. Cuando llego el aire cálido, flotamos como los sueños, nos vimos tan inmensos, que sin abandonar lo intenso, nos convertimos en cometas empujados por el viento, autómatas siguiendo la fina línea que guía al tiempo.   Aterrizamos en hemisferios, de esferas distintas, intentando descifrar el miedo, miedo esbozado por tu voz junto a mi vida,…,   y al percibir verdades tan escuetas, descubrí que las nuestras no eran gemelas, sino dos almas perdidas.   Desde entonces, te miro con resquicios de algarabía y distancia, por no enredarme en tu pelo, por no caer en señuelos y por no salir de mi guía. Reconocí que no hay cielo, que solo tus miedos, rompieron la utopía que quizás aún anhelo. La misma que esta noche me desvelaba cuando la luna caía.   Pablo J. González Correa   F...

Huele a mirar hacia atrás

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  Huele a mirar hacia atrás, sin que el olor sea del pasado, tan solo que las brasas se van apagando, mientras que el sol empieza a recogerse antes. La brisa del mar sigue cargada de brea, tan solo que el mar se quedó parado, plasmado sobre la última foto tomada, pero inmerso en su vaivén de idas y venidas. La luna sigue presente también, alojada sobre nuestros pensamientos, pausada y regalándonos sus últimos arcos, a poco de que septiembre estrene luna nueva. Algo de música se cuela por las ventanas abiertas, música lejana que se deja llevar por la calima, ajena a los conciertos y verbenas que llegan a cuentagotas, temblando se cuela entre la nostalgia y los sueños. Aquellos que fueron más que sueños, creados en la imaginación se hacían hueco, tomaban forma en los calurosos días de verano, y se hilvanaban a nuestra piel tejida de realidad. Las voces inconfundibles en los juegos eternos,  los primeros roces de aquellos pequeños cuerpos, desnudos de complejos y ajenos a las men...

La timidez de la luna llena de agosto

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Mulhacen

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Se trata de un paseo con amigos, recorriendo un paisaje muchas veces visitado y hollando la cumbre una vez más y ya van 25. No podía celebrar esa cifra en mejor compañía. Con cariño dedicado a Javier, Pepe y Pablo y muy especialmente a quien tantas veces me acompañó y, que seguro, volverá a hacerlo, Xoxe. Lo mejor es subir bien alimentados, sin más comentarios (solo apreciar el tamaño del pitufo de D. Javier) Tampoco es que Pepe pase hambre ... El chaval de la foto es mi hijo Pablo, ha decidido, cada verano, impedir que su padre suba solo al Mulhacen (cosa que el padre agradece) La sierra impresiona, hayas estado o no, es una maravilla como puede abrumar tanto este paisaje. Aunque la senda será dura ... El Mulhacen espera tranquilo Y ahí estamos (Pablo es el fotógrafo), dispuestos a disfrutar del día. Lugar: Puerto Molina Empezamos las subida desde el Alto del Chorrillo Marcha parsimoniosa, ya sabéis, sube como un viejo (Javier, Pepe y yo), para bajar como un niño (Pablo) Nuestras amig...

La mar y la orilla

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La vida como la mar y la orilla, llena de momentos de abatidas y ecos de retiradas.   De soles atardecidos y espuma blanca, de un mar en calma a la espera de tocar la arena que no alcanza.   De noches cálidas abrigadas de esperanza bajo un cielo abrumado o iluminado de luz blanca.   La vida que va pasando como lo hacen las mareas empujando y apaciguando.   Y la mar siempre presente aunque de mis ojos se ausente perdura su olor en mi memoria.   Calendario de vida cosido al cielo, arrancadas sus páginas con los atardeceres intensos y eternos del verano.   Que todo lo que el tiempo lleva la mar paciente, desde ayer hasta mañana lo mece, acuna y lo devuelve en calma.   Mil historias se han ceñido a tu memoria, y otras que surcarán tus aguas, abrígalas en calma.   Mi vida en pleno invierno te contemplará dese una loma alta, recordando como acariciabas la orilla y derra...